Nunca vamos a sentir o concebir el mundo como lo haría, ni tan siquiera, la persona más próxima a nosotros. Es imprescindible que por medio del diálogo y la negociación sepamos establecer un nivel común aceptable, en aquellas áreas en las que de forma ineludible hemos de llegar a un acuerdo, por el bien de todos.
Los distintos Sistemas de Gobierno que se han experimentado a lo largo de la historia nacieron de la necesidad de ordenar la convivencia de acuerdo a unas normas comunmente establecidas y respetadas por todos, y así, en función de la fidelidad a esta original idea los distintos sistemas han sido, en mayor o menor medida, el reflejo de la voluntad del pueblo.
Todo sistema lleva implícito el establecimiento de una serie de normas que marcan las pautas de comportamiento a observar por cada uno de los individuos que configuran una sociedad, y ese conjunto de normas, cuando es consensuado, es el que define su nivel de desarrollo ético y de conocimiento.
Parece claro que no es necesario demostrar la conveniencia de contar con un sistema, aun cuando el individuo viva en solitario, tampoco se nos escapa que el cumplimiento estricto de un reglamento no siempre resulta fácil o agradable, pero sabemos que en conjunto los beneficios son mayores cuando todos jugamos de acuerdo con las mismas reglas.
Se puede discrepar sobre la conveniencia de un sistema u otro, obvio que todo puede ser mejorado y debe procurarse aquello que consideramos mejor. Todo sistema debe prever formulas orientadas a su propia actualización y ,¿por qué no?, también su sustitución llegado el caso, pero no ha de dejar resquicio alguno a la arbitrariedad o incumplimiento, sin excepción.
La violación de los acuerdos lleva irremisiblemente al fracaso de las relaciones, de ahí la importancia de no exceder determinadas cotas y/o cuotas de incumplimiento, esto podría estar indicando la necesidad de actualización o cambio del sistema ante la posibilidad de colapso inminente.
La responsabilidad es de todos, el sistema lo decidimos entre todos, lo mejoramos entre todos, así se recoge en las normas de un sistema de Democracia. En su aplicación está establecido también el mecanismo de persuasión en defensa del cumplimiento de los acuerdos por parte de todos, y son nuestros Gobiernos, democráticamente elegidos, los principales encargados y responsables de velar por la observación de los acuerdos del sistema vigente, legitimándose día a día como merecedores del reconocimiento y respeto de sus gobernados.
Cuando un Gobierno legítimo, no sólo, no vela por el cumplimiento de las normas en un Sistema Democrático, sino que además las incumple impune y despóticamente, pierde toda legitimidad y se convierte en el más serio peligro para la Democracia, entonces los gobernados han de estar prestos a exigir reparación y relevo urgente de sus representantes.
Un pueblo nunca merece un Gobierno delincuente, la sólo idea REPUGNA.
Abril
www.pedroroque.com
